El atardecer no es nítido, en el cielo sólo el recuerdo de unas nubes... algo está enturbiando el aire. La respiración se hace lenta y tediosa, su ritmo apagado contiene notas de angustia, las notas de una obra inacabada. El autor de la pieza intenta abstraerse, no quiere acabar una partitura que ya sabe como termina, es una melodía muy suave, suave a la vez que intensa, penetra en el cuerpo y se dirige sin tregua hacia el alma, la carcome, la destruye y la desmorona hasta llegar al umbral mismo de la tristeza. Sin saber porqué, en ese umbral se detiene, no continúa... la melodía se queda allí mismo, sin moverse, llenándolo todo con un sonido estremecedor, el sonido de la realidad del destino, el sonido del recuerdo de una melodía que se silencia.
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