domingo, 16 de agosto de 2026

En el fondo


Tomemos a dos personas, una de ideología de derechas y otra de ideología de izquierdas y preguntemos que es lo que piensan sobre cómo deberían ser las cosas. Indudablemente, ambas responderían que lo que desean es que estas sean lo mejor posible, tanto para ellos como para sus familias y allegados, ya sea en cuestiones relacionadas con la educación, la salud o la economía.

¿Cuál es, entonces, la diferencia entre ambas personas si lo que pretenden es llegar al mejor estado posible para ellos y su entorno?

La diferencia reside no en el fondo de la cuestión, sino en el punto de vista desde el que se juzga la circunstancia que debe resolverse. Un punto de vista generado por informaciones y experiencias subjetivas que consolidan pensamientos y posicionamientos a cerca de distintos hechos. Sin embargo, un punto de vista es solo una perspectiva de la realidad y no garantiza ni mucho menos el acierto.

Todos somos conscientes que nadie puede tener la razón en todo y a cada instante, porque la vida, a diario, nos da lecciones de ello. Nadie está libre del error, ni de una equivocada interpretación o de una decisión desacertada, ya sea por descuido o falta de información.

Si sabemos que no existe la infalibilidad ¿Por qué adjudicarla a los representantes de una perspectiva política?

La experiencia nos demuestra que ignorar una parte de la realidad en cualquier ámbito, puede llevarnos a acciones fallidas con consecuencias de diversa gravedad. Políticamente, tener en cuenta un solo punto de vista implica no solo confrontación social, sino la aplicación o la no aplicación de medidas que podrían mejorar la vida de la sociedad en su conjunto, con la triste ironía que, más tarde o más temprano, algunas de las medidas en cuestión son llevadas a término y aceptadas como buenas, algo que ha ido sucediendo a lo largo de la historia, tanto de mano de la derecha como de la izquierda.

Siendo incuestionable que el objetivo común de las personas que forman una sociedad es el propio bienestar y el de su entorno ¿Por qué ignorar acuerdos básicos cuando estos se trasladan a la escena política?

El factor esencial que impide trabajar conjuntamente en objetivos compartidos, es la influencia que ejerce sobre nosotros la información que absorbemos y las limitaciones que nos traslada nuestra propia cultura. El hecho de interiorizar que las cosas deben ser de un determinado modo, alineado siempre con el punto de vista ideológico adquirido, es el principal obstáculo para aunar conocimientos y esfuerzos a fin de lograr mejoras auténticas y efectivas.

Otro factor fundamental que nos lleva a no hallar acuerdos por la polarización entre ideologías es que, en lugar de tratar lo común en ambas formas de pensar, nos desviamos hacia aquello en lo que discrepamos enfrentándonos en estériles discusiones arrastradas por la emocionalidad, que termina por encerrarnos en nuestro partidismo alejándonos de la solución.

La perspectiva global y el acuerdo político y social es una cuestión de responsabilidad hacia uno mismo y los demás. La información con la que gestionamos la realidad debería tener en cuenta todo aquello que potencialmente puede llegar a hacerse para lograr el bienestar colectivo y las únicas limitaciones deberían ser aquellas referentes a principios éticos y morales destinados a salvaguardar al conjunto de la población.

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